Tras este insignificante receso de seis meses (lo sé, me ha dado tiempo casi a dar a luz otro hijo pero es lo que hay), vuelvo cargada de historias curiosas sobre nuestro fantástico viaje a Corea (del Sur, mamá).
De modo que… la aventura continúa:
Ya pasó nuestra última noche en Mokpo. Después de una excursión con la panda de matemáticos topólogos (que no topógrafos con los que yo confundí un día y menudo drama, señores), Samuel acabó sus jornadas de ciencia, muy satisfecho, y nos convertimos en una pareja más de turistas occidentales. Nos costó mucho despedirnos de Han -el profesor coreano-, Alexander -el letón con Parkinson que se empeñaba en comer con palillos-, Joseph -el checo al que ya os imitaré en persona, aunque a Alicia Martí siempre le saldrá mejor- y de algunos otros que se fueron sumando. La verdad es que les cogimos cariño a todos y esperamos volver a verles en España (donde están ya más que invitados), o en próximos congresos.

Cartel de una de las charlas de Samuel, con su correspondiente errata
De mi amigo coreano, KIM KYUNG WOON, no me pude despedir y le dejé un regalito en nuestro hotel para que lo recogiera por lo bien que se había portado conmigo. Espero que le guste, era un libro para aprender español con cintas de casete (es muy fuerte, sí, pero aquí aún las usan, ejemplo de que tienen mucha tecnología pero… todo es FALOMIR*). A ver si este chico se anima y sale de su país que es bueno ver otras cosas.
Tras un tren, un avión y un taxi llegamos a nuestro siguiente destino: la isla de Jeju o el Hawaii coreano, como es mundialmente conocida, y única provincia autónoma del gobierno de Corea del Sur. En el centro de la isla está el volcán Jalasan, justo en medio de un parque natural, aunque lamentablemente nunca lo vimos más que en las fotos de los carteles porque el clima no nos lo permitió. La primera noche nos mandaron a un motel tal, que el que visitamos en Er-Rachidía (el lugar más mugriento de Marruecos) era un Hilton a su lado, no digo más. Como curiosidad comentaré que había un cepillo para uso de los clientes con una cabellera incluida bastante negrita. Eso sí, aparte de la mostosidad de la habitación, las sábanas amarillentas, los pelos, preservativos añejos y olores, la habitación estaba dotada de una supertele de plasma Samsung y de un ordenador con Internet. ¿Sería un burdel? ¿lo entendéis? nosotros tampoco, por eso salimos en busca de otro hotel por el pueblo perdido de la isla y como no había más que clones del anterior cogimos un taxi y nos largamos de allí a otro pueblo (menos mal que los taxis son bastante baratos en Corea). Al señor del motel le costó soltar la pasta que le habíamos pagado de antemano, pero después de decirle mi frase de la guía de conversación en coreano con firmeza y cara de perro repetidamente, nos la devolvió : -Lo siento, nos vamos de aquí ya. ¡Devuélvanos el dinero, por favor! 돈 을 우리 제발 다시 한번 !
Así unas 10 veces y funcionó. La frase estaba así tal cual en la guía ¡en serio! creo que la pusieron por estos moteles, de hecho. Llamamos a otro hotel de la guía más caro y en otro pueblo (30.000 wons la noche, o sea 20 euros los dos, así que muy barato) y se arregló la cosa, menos mal. Pero por la mañana se estropeó con el tiempo y a pesar de salir del hotel cargaditos con nuestras toallas, bañadores y cremas solares no salieron de la bolsa en todo el día. Ah sí, las toallas para taparnos con ellas del frío que teníamos porque hizo un día horrible: niebla, gris y una sensación hasta de depresión. La isla parecía el purgatorio -o la imagen que yo tengo del mismo-; vamos, una maravilla.

Samuel llega a la cima para no ver NADA, ni rastro del Jalasan ^_^

Samuel y su salchicha de tofu
Intentamos subir a un cráter que hay al lado del mar muy famoso por sus vistas y arriba no se veía a más de medio metro de la niebla que había. Fatal. Cogimos un taxi y nos fuimos a una playa a cambiar de aires, era chulísima si hubiera hecho buen día, pero aún así nos gustó verla. Luego nos fuimos a unos túneles que hizo la lava hace mil años bajo tierra -donde usamos las toallas, por fin- muy interesantes, la verdad. Al final había una columna de lava de más de siete metros, la más grande del mundo.

Columna de lava de 7 metros
Más tarde acabamos en la ciudad más grande de la isla, Jeju city, no había mucho que hacer con el tiempo que hacía y pensamos en dar una vuelta por allí. Maldita la decisión, no solo era fea sino que encima no había un alma, el mapa era un lío y nos perdimos mil veces. Jungon-ro, Sunhik-ro, Junning-ro, todas las calles iguales, la gente que encontramos cero de ayuda y nosotros muertos de cansancio y de desilusión. Nos habíamos hecho tantas expectativas con la isla… Pero bueno, después volvimos al hotel, nos comimos unos noodles y, descansados , pensamos que si al día siguiente salía igual nos íbamos a Seúl un día antes.

Noodles en el hotel al final del día
Ese día era hoy y ha salido un poco mejor, por lo menos veíamos una isla desde la habitación que el día anterior no estaba. Así que nos hemos ido a la playa de Jungmung que ha resultado ser la bomba, parecía la de «Perdidos», aquí tenéis algunas fotos.

Súper playa de algas

Coreanas recogiendo algas en sacos

Playón de «Perdidos»

A punto de biquini y todo

Impresionante la naturaleza de la playa

Más vistas

Sonrisas ¡qué buen día!

Ñam ñam ¡algas como las de los restaurantes!

Paseo entre algas y neblina

¡Gran día de playas y neblina!
Por allí iban todas las parejas de recién casados coreanos con la misma camiseta -van de parejitas con camisetas de perritos, polos rositas etc.- y algún que otro guiri americano o ruso. Nos hemos recorrido la playa de arriba a abajo, nos hemos tumbado en las toallas y casi nos bañamos y todo. Después el tiempo ha cambiado y ya no hacía calor, y nos hemos ido a otra playa chulísima donde las mujeres coreanas (que Samuel llama alcayatas porque van encorvadísimas, las pobres) recogen algas en sacos para comer, suponemos. Luego ya hemos echado la tarde de autobús en autobús para volver. Es un rollo moverse sin coche propio, la verdad, qué mala pata no haber sabido lo del carnet internacional y no poder alquilar, fallo nuestro.
Luego hemos cogido las maletas y hemos venido a Jeju city a dormir para estar cerca del aeropuerto porque mañana volamos a Séul a las 9 de la mañana. Samuel esta noche se va a levantar a las 3.30 de la mañana a ver el partido de España así que… ¡os dejo que nos vamos a dormir!

Cansados de mirar en la guía y que no sirva de nada… ¿Dónde estaba Yelp? xD

Jeju city nos impactó por fea
Ahhhhhh, y por fin hoy hemos comido cerdo. Pensaba que me iba a volver triángulo de arroz con atún ;D
(*) FALOMIR: conocida marca de juguetes valenciana que desde que tengo uso de razón copia a conciencia todos los juguetes de MB cambiando los nombres. Ejemplos: «Hundir los Barcos» (copia de «Hundir la Flota» de toda la vida), «Superpoly» (hermano gemelo del «Monopoly»), «Cuál es cuál» (idéntico al «Quién es Quién», y encima le faltan las tildes en la escritura de la caja). Bueno, esta expresión de «ser Falomir» la acuñamos en mi casa mi hermana mayor y yo en los años 90 para referirnos a alguna cosa que es una copia, mentira o falsa, de manera indistinta. Ya es parte de mi vocabulario habitual y no he de explicarla en muchos círculos de mi entorno porque todos me entienden.